En medio del calor árido del sur colombiano, entre calles tejidas de bambucos, palmas ondulantes y ecos de folclor, la ciudad de Neiva abrió sus puertas y su alma al arte salesiano. Del 24 al 27 de julio, la ciudad se convirtió en un el escenario, donde más de 500 jóvenes, provenientes de todas las presencias salesianas de nuestra Inspectoría, dieron vida al X Festival Nacional de Bandas Sinfónicas Salesianas, un canto a la esperanza de una sinfonía hecha juventud.
El festival no se redujo a un concurso ni a una muestra de talento —aunque lo hubo y de sobra— sino que fue una verdadera escuela del alma: formación musical, crecimiento espiritual, descubrimiento cultural. Fue sembrar en cada joven músico una semilla de arte y de fe.
Durante estos días, el aire de la ciudad de Neiva se llenó de melodías y sonrisas, de instrumentos que cantaban y corazones que respondían. Los jóvenes vivieron con entrega cada ensayo, cada momento de preparación, cada instante compartido con sus pares. Se escuchaban risas detrás de bambalinas, se sentía el pulso de la vocación en cada golpe de tambor y en cada afinación.
El broche de oro llegó con el Gran Concierto de la Banda Sinfónica Salesiana, una sola alma musical formada por los más de 500 músicos del festival. Bajo las estrellas y ante el calor del público neivano, sonaron los metales y las maderas, los vientos y las percusiones, con piezas como Tequila, El Barcino, Sanjuanero y Colombia, tierra querida, entre otros.
Cada melodía fue una promesa: Don Bosco sigue vivo en la música de sus hijos. El talento se mezcló con la emoción. La juventud brilló con fuerza. Y el arte, ese que forma, sana y transforma, hizo su morada en la ciudad y en nuestros corazones.
Gracias a todos los que creyeron en este sueño, y lo hicieron posible. A la Alcaldía de Neiva, al Colegio Salesiano San Medardo, a todos los padres salesianos, talleristas, voluntarios y patrocinadores. Gracias por creer en el arte como camino, en la música como misión, y en los jóvenes como esperanza.
Que sigan sonando los clarinetes, que no se callen los timbales, y que retumbe más fuerte que Colombia tiene una generación de artistas salesianos… y están listos para conquistar el mundo.


































